Los ascensores, como cualquier aparato que usamos a diario, no son eternos. Con el paso del tiempo se desgastan, se estropean y, además, contienen piezas que dejan de fabricarse. Esto es algo que a menudo pasa desapercibido hasta que ocurre lo inevitable: una avería en un componente clave que ya está descatalogado.
Cuando la pieza ya no existe
Uno de los casos más habituales es el de las maniobras, el «cerebro» del ascensor. Muchas de ellas llevan placas, pulsadores y otros componentes que, pasados unos años, dejan de fabricarse. Si se estropean, la reparación ya no depende de nosotros como empresa de mantenimiento, sino de un único proveedor especializado que aún pueda repararlas (o, con suerte, fabricarlas a demanda y servírnoslas).
Eso implica tiempos de espera que escapan a nuestro control. Y llega un punto en el que ni siquiera ese proveedor puede hacer nada más. En ese momento, la única salida es cambiar la maniobra completa.

El riesgo de esperar al último momento
El problema viene cuando esa decisión se retrasa hasta que el ascensor falla del todo. Porque entonces sí, el ascensor se queda parado. Y no hablamos de un par de días: entre fabricar el nuevo material y dejarlo instalado pueden pasar semanas o incluso varios meses.
Mientras tanto, el edificio se queda sin ascensor. Y todos sabemos lo que eso significa: vecinos mayores atrapados en casa, familias subiendo la compra a pulso, parejas cargando carritos de bebé por las escaleras, barreras para personas en silla de ruedas o con movilidad reducida, etc.
La importancia de anticiparse
Entendemos perfectamente la frustración que genera una avería larga. Por eso insistimos tanto: cuanto antes se tomen las decisiones, mejor. No se trata de alarmar, sino de evitar que un edificio se quede bloqueado de repente.
Lo que siempre recomendamos es no esperar a llegar a la situación de que el ascensor se quede fuera de servicio. En su lugar, planificar una modernización a tiempo evita paradas largas e incómodas, permite repartir la inversión y, sobre todo, aporta tranquilidad.
Porque modernizar no es «gastar por gastar»; es cuidar de la seguridad, de la comodidad y de la calidad de vida de quienes viajan en ascensor cada día.
Nuestro compromiso: te hablamos claro

En FAIN «te hablamos claro». Ese es uno de los 10 compromisos fundamentales que tenemos con nuestros clientes. Refleja el firme propósito de la empresa de garantizar una comunicación transparente y comprensible en todo momento.
FAIN se compromete a explicar detalladamente los contratos, las coberturas, las diferencias entre opciones y a resolver cualquier duda que pueda surgir, sin letra pequeña ni tecnicismos innecesarios. La intención es que cada cliente entienda perfectamente lo que está contratando, lo que paga y por qué lo paga, asegurando así una relación basada en la confianza y la honestidad.
En el caso que nos ocupa, como sabes, en FAIN llevamos décadas manteniendo ascensores y sabemos muy bien lo que supone para una comunidad que el suyo deje de funcionar. Por eso nuestro compromiso es claro: informar, asesorar y acompañar a los clientes para que puedan anticiparse y no se vean en una situación límite.
Porque, al final, lo que está en juego no es solo un aparato. Lo que está en juego es la libertad de movimiento de las personas que lo usan cada día para sus tareas más básicas y cotidianas.
Si tu maniobra está obsoleta, no lo dudes: ¡Infórmanos cuanto antes!
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